Benedicta Aravena: “No se confundan, eso no puede llamarse amor”

Hay mujeres que crecieron en un contexto de injusticia. Han vivido la violencia en diferentes escenarios de la vida. El silencio que guardaban era un grito agudo de dolor. Cuando el ser amado es quien daña, es común que el miedo impida denunciar.

publicado por

Avatar
26 de noviembre de 2019
323
Benedicta Aravena, educadora popular, y la violencia de género.

“Erradicar la violencia va a depender de nosotras mismas”. Así lo expresa Benedicta Aravena Carrasco, educadora popular y representante del Centro de Mujeres Quidell de Talca, entidad encargada de brindar la primera asesoría a las mujeres vulneradas en la región. Su experiencia en el centro la ha capacitado para ser el pilar de muchas mujeres que acuden al lugar en búsqueda de ayuda.
La violencia de género es una realidad que no distingue clase social o edad. La problemática ha estado presente en el país desde tiempos remotos. “En mis tiempos fuimos criadas para ser la esposa ideal, la que era el complemento de otra persona. Estábamos destinadas a encontrar el príncipe azul y vivir felices por siempre”, relata Aravena. Ese idilio de romanticismo existe aún en el ADN de las mujeres y es difícil de erradicar.
Fue durante los últimos años cuando se incrementó el número de denuncias. Según la especialista, el hecho de que algunas mujeres se hayan atrevido a hablar, ha servido de motivación para otras. Asegura que lo primero que debe hacer una mujer violentada es tener decisión y valentía. “Lo primero que hay que hacer es salir del círculo de las cuatro paredes y contarle a un familiar, vecino o amigo”, recomienda.
Las consecuencias que deja el maltrato son altamente peligrosas. La especialista detalla que las secuelas emocionales, afectivas, conductuales y cognitivas, pueden dejar rastros irreparables como la baja autoestima, el mal manejo de las emociones, los sentimientos de culpa y miedo, problemas de concentración, de pérdida de memoria y otros que solo con ayuda se pueden manejar.

DEPENDENCIA
A muchas mujeres se les dificulta dar el primer paso porque dependen emocional o financieramente del hombre. En esos casos, es él quien paga las cuentas y maneja todo en el hogar. El no tener decisión ni el poder de elegir, también es maltrato.
En cuanto a la dependencia emocional, Aravena revela que cuando las mujeres están enamoradas, no logran identificar la diferencia entre amor y control. “En esa etapa no se ve el maltrato, todo se justifica. Siempre están pensando: ‘yo tengo la culpa, no debí hacer esto, no debí vestirme así’. Siempre justifican el maltrato, es aquí donde juega un papel fundamental el amor propio”.

AUTOESTIMA

Benedicta asegura que a las mujeres con necesidad de apego se les hace difícil salir del círculo agresivo porque están “amando y odiando a la vez”. Enfatiza que muchas se mantienen con la esperanza de que el hombre va a cambiar y caen otra vez, es por eso que hay que entender que con el agresor no se negocia.
“Es tan fácil decir ‘querernos’ pero, ¿cómo nos queremos?, ¿en qué momento me doy cuenta que no me quiero? Las afectadas no se dan cuenta que no se estiman”, revela Aravena. Explica que cuando las personas se comienzan a dejar a un lado y solo piensan en los demás, se carece de autoestima.
Según su experiencia como educadora popular, asegura que los talleres de autoapoyo son de vital importancia para el proceso de sanación. “En los talleres siempre hay alguna frase que toca la fibra sensible de las mujeres, y logra sacar las huellas de ira y dolor, el proceso de sanidad puede tardar años”.
Acota que volver a confiar en alguien resulta complicado. “La mujer agraviada se pone a la defensiva, es por eso que las personas que vienen después terminan pagando los platos rotos”, lamenta.

PERFIL DE UN MALTRATADOR
Desde la infancia un hombre da indicios de ser violento sino se le ponen límites. “Que un niño le pegue a su hermana, que agreda a las mascotas o a sus compañeros de estudio no es correcto. Si permitimos este comportamiento, naturalizamos la violencia”, menciona la experta.
La especialista sostiene que todos los maltratadores tienen rasgos comunes, como tener una buena imagen pública, tener sentimientos de inferioridad y baja autoestima, necesidad de poder, bajo nivel de asertividad, relaciones de dependencia, inestabilidad emocional e impulsividad, egocentrismo, celos, posesividad, capacidad de manipulación, minimizan la violencia o culpabilizan a los demás.

PLAN DE ACCIÓN

El fenómeno de la violencia forma parte de procesos donde convergen los aspectos psicológicos, sociales y culturales. Así lo comenta la Seremi de la Mujer y la Equidad de Género, María Andrea Obrador, quien detalla algunas acciones para proteger a las mujeres de esta realidad, como la implementación de una agenda legislativa relacionada con la violencia en el pololeo, la aprobación de brazaletes electrónicos para hombres que ejercen la violencia, trabajar en los procesos de protección con una mirada multisectorial, acelerar los cambios culturales a través de la prevención, capacitación en aquellos sectores estratégicos, y hacer seguimiento a los registros de denuncias.
Resalta la importancia de que en la etapa de noviazgo, los jóvenes identifiquen la violencia. “Los golpes, machucones, empujones, patadas, las humillaciones, insultos, escenas de celos y control, están siendo normalizadas”, lamenta.
La directora de género de la Universidad de Talca, Lorena Castro, coincide con lo anterior al revelar que se trata de un problema social y cultural que afecta a las mujeres sin distinción de edad. Es por ello que la universidad desde el año 2016 comenzó a trabajar en estos temas. Asegura que los casos de violencia de género se expusieron a raíz de las movilizaciones feministas del año 2018, donde los estudiantes también se incorporaron.

TESTIMONIO
“Yo vivía violencia desde el pololeo, siempre pensando que los empujones, las patadas, los puntapiés, incluso los jalones de cabello, eran parte de la dinámica del enamoramiento. Pensaba que él era mi media naranja, con los años aprendí que nosotros somos seres completos y que no dependía de nadie para vivir. Llegué a sufrir un aborto por el tema de maltrato, fue una etapa muy dura la que viví hace 30 años”, revela una valiente mujer que prefiere contar su historia bajo anonimato.
La voz notablemente quebrajada y las lágrimas que brotaban de sus ojos, pusieron en evidencia las huellas que dejó aquella oscura experiencia que decidió compartir para que las mujeres que actualmente sufren los estragos de la violencia, puedan alzar la voz y logren salir rápido de este círculo. Ella jamás se imaginó que el mismo motivo que la mantenía atada a esa relación, sería el que la impulsaría a salir de ella: sus tres hijos.
“Mi hijo me dijo: ‘mamá, ¿hasta cuándo usted va a aguantar que le peguen?’ y yo pensaba ‘pucha, yo estoy con este hombre porque quiero que mis hijos se críen con su papá, pero con esto entiendo que no existe ningún motivo para estar con él’. Y fue allí cuando comencé a despertar”, revela.
Aunque económicamente fue difícil, encontró en su familia el apoyo necesario para prepararse académica y socialmente y enfrentar un nuevo futuro, sin él.
Asistir a talleres fue indispensable para su proceso. Mensajes como “nunca más”, “nadie te puede pegar”, colgados en las paredes de la Casa de la Mujer Yela, fueron fundamentales para darse cuenta del episodio que atravesaba. “Una amiga me invitó a ese lugar y allí yo me empecé a darme cuenta que no era amada, admito que yo sola no habría dejado a ese hombre maltratador, porque no era nada fácil, yo estaba llena de miedo y odio, así que mi participación en esta casa fue decisiva en el proceso. Hoy por hoy, me siento una mujer más feliz, mis hijos son grandes personas, y no hizo falta ese padre para sacarlos adelante, solo me bastó la valentía, la decisión y el apoyo de mis seres queridos”, explica.
Dejar la vergüenza y el miedo fue indispensable para atreverse a contar su historia, la cual comparte llevando consigo una frase clave: “La violencia no es normal, no la sigamos naturalizando”.

Según datos de la red chilena contra la violencia hacia las mujeres, las expresiones de agresión más comunes son la violencia sexual, institucional, los femicidios y la violencia online, esta última se ha incrementado los últimos años debido a los avances de la tecnología, siendo las redes sociales Facebook, WhatsApp e Instagram, las plataformas más usadas para generarla.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here