Bautismo, fuente de vida y esperanza

Segundo domingo del año. Mateo 1, 29-34.

Juan Bautista vio acercarse a Jesús y dijo: <<Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A Él me refería, cuando dije: Después de mi viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que Él fuera manifestado a Israel>>. Y Juan dio este testimonio: <>.

Al iniciar el Año del Señor nuevamente se nos presenta la imagen del Bautismo de Jesús por Juan Bautista. Me parece que el bautista nos muestra más de la grandeza humana que muchos de los personajes que conocemos en todas partes que luchan por ser el protagonista de la historia.

Todos se presentan como los que han realizado grandes obras, que en su gobierno él ha sido el que ha proyectado más que todos, que si no lo reconocen en su verdadera dimensión renuncia a tal o cual institución e incluso es capaz de abandonar su fe. Sentido por la nula valoración de su persona y sus obras.

Juan el bautista, en cambio, nos muestra en su actitud de verdadero reconocimiento al Señor que viene y del cual él mismo no es digno de desatar la correa de su sandalia, como nos cuentan los otros evangelios, esa grandeza humana y vocación. Expresa de esa manera su total identificación y compromiso con la instauración del Reino nuevo que el Mesías viene a inaugurar. Su grandeza es dada por la mirada de fe que tiene en la persona de Jesús, porque ha visto descender el Espíritu Santo sobre su cabeza.

Estamos rodeados de personas autosuficientes, que tienen respuesta para todo. Que nadie les puede enseñar y por eso mismo, se equivocan en muchas de sus decisiones y tienen que estar corrigiendo a cada rato. No es malo equivocarse. Lo que es malo es no saber discernir, ver primero los signos claros de lo que queremos hacer para que al tomar cualquier medida no tengamos que, al poco andar, tener que retroceder o borrar lo que emprendimos.

Juan el Bautista no se ha equivocado y anuncia con su vida, invita a un bautismo de conversión pensando en el Mesías que vendrá. Y su tarea tiene como única tensión el ser precursor del enviado.

Jesús agradece esa misión, la enaltece cuando alaba al Mayor de los hombres nacidos de mujer.

El bautismo recibido haciéndose solidario con la humanidad caída, es una palabra que confirma lo anunciado y que inaugura la predicación que marca la línea del Mesías: que los ciegos ven, los mudos hablan, los paralíticos caminan, los presos serán liberados y se proclama un año de gracia del Señor. El bautismo entregado por Juan inaugura el Reino, lo hace visible en la persona de Jesús.

Pidamos que nuestro bautismo sea fuente de vida y esperanza para nuestras comunidades.

P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social y Talca Ciudad
Párroco de Los Doce Apóstoles y Capellán Santo Tomás Talca

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