¡Basta de violencia!

No es necesario una encuesta para establecer que la gran mayoría de los chilenos quiere esos cambios. Pero no, definitivamente, a través de la violencia.

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24 de noviembre de 2019
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Se entiende que no es fácil solucionar el tema de la violencia que, colateralmente, se ha manifestado durante la crisis social que Chile está viviendo. Se ha dicho en todos los tonos que estos actos vandálicos no tienen nada que ver con las legítimas demandas de la ciudadanía, ni con los esfuerzos que, desde distintos ámbitos, se han generado para intentar darles solución.

Es indudable que el movimiento ciudadano ha logrado grandes avances. Así lo han entendido el Gobierno, el parlamento, el poder judicial, los partidos políticos, los empresarios, todos, con sus naturales matices, se han abocado a la tarea de encontrar caminos de entendimiento que permitan realizar los cambios que, efectivamente, se requieren.

¿Dónde cabe la violencia en este contexto? ¿Qué aporta? ¿Qué gana Chile? ¿Qué ganan las instituciones democráticas? ¿Qué gana la ciudadanía, esa multitud de chilenos que ha salido, pacíficamente, a manifestarse?
Nada. Nadie gana nada. La violencia y los violentistas no tienen cabida en este Chile que se quiere reconstruir, que necesita renovarse, que busca un rostro más social, más sensible a las necesidades y sueños de sus habitantes.
¿O hay que dejarlos que actúen libremente, sin acción alguna ni castigo? ¿Es eso? ¿Esa es la solución?

No, por supuesto. La solución es compleja y compete no solo a las instituciones de seguridad o al gobierno y sus autoridades. Compete a los parlamentarios, a los políticos, a la ciudadanía, sí, a la misma que ha salido a marchar, a los medios de comunicación, a los empresarios. Le compete tanto al vecino que le cuesta más que antes ir de su hogar al trabajo, como a la pyme que se quedó de brazos cruzados porque han bajado dramáticamente sus ventas.

Hay que condenar, clara y rotundamente, todo acto violentista, venga de donde venga.

Es cierto que no es la misma responsabilidad de unos y otros. Por eso hay que exigirle a quienes corresponda un mayor esfuerzo que permita identificar y sancionar todo acto violento. Lo mismo en los casos de abusos perpetrados por agentes del Estado. Aunque ante estos últimos existen más opciones de control, tratándose de instituciones enmarcadas en un sistema democrático.

Es más difícil cuando se trata de grupos organizados, convengamos que minoritarios, que han aprovechado el contexto para expresar una violencia que no atiende a razonamientos.

Chile tiene una gran oportunidad para corregir las deficiencias del sistema neoliberal. No es necesario una encuesta para establecer que la gran mayoría de los chilenos quiere esos cambios. Pero no, definitivamente, a través de la violencia.

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