Andrea Romero: “Estamos sufriendo estragos en nuestra salud mental por el encierro y la incertidumbre”

La pandemia de coronavirus nos enfrenta a profundos cambios colectivos e individuales en la vida cotidiana. “Se espera que la mayoría de las personas sean resilientes y terminada la pandemia puedan retomar una estabilidad emocional”, precisa la profesional

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9 de agosto de 2020
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“El distanciamiento y aislamiento social les ha demostrado a las personas la importancia del contacto físico y social”, analiza Andrea Romero.

Vivimos tiempos de incertidumbres y nuestras vidas se han tornado frágiles. Pese a que siempre ha sido así, la dureza de la coyuntura nos golpea con rudeza. “Efectivamente en la actualidad estamos sufriendo estragos en nuestra salud mental por el encierro y la incertidumbre que trae la pandemia. Estos efectos no deberían ser permanentes para la población general. Se espera que la mayoría de las personas sean resilientes y, por tanto, terminada la pandemia puedan retomar una estabilidad emocional. Sin embargo, las personas que hayan tenido algún trastorno previo en su salud mental (como algún trastorno ansioso, depresivo, trastorno obsesivo compulsivo, paranoia, estrés post traumático o similares), pudieran ver acrecentado sus síntomas o presentar comorbilidad de otros trastornos psicológicos o médicos”, precisa la psicóloga Andrea Romero Reyes.

Andrea, la salud mental de los chilenos ya era preocupante antes de la pandemia. ¿Cómo se espera que sea posterior a la pandemia?
“Es posible que personas que no hayan tenido trastornos psicológicos previos los experimenten durante y posterior a la pandemia, a partir de cambios drásticos que puedan haberse generado a partir del Covid-19, como la pérdida de algún familiar o amistad cercana, o la pérdida de su trabajo y dificultad para encontrar otro. Estas personas, de no contar con una red de apoyo y contención necesaria pudieran experimentar algún cuadro ansioso, depresivo o estrés post traumático”.

Durante la conversación con Temas, Andrea Romero Reyes (Viña del Mar, 1990) formada en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y con un magister en terapia clínica del enfoque “Gestalt”, especialista del Centro de Terapia del Comportamiento Viña del Mar, enfatiza en la apertura que debemos tener frente al mundo y los otros, indicando algunas herramientas que puede entregar la psicología. “Desarrollar la inteligencia emocional puede tener un papel fundamental para apoyar a las personas a enfrentar y superar esta crisis”, comenta.

¿Una nueva forma de relacionarnos?
“La inteligencia emocional, según Daniel Goleman, es una forma de interactuar en el mundo, que engloba actividades como el control de los impulsos, la autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia y la empatía, que se refleja en autodisciplina, compasión y altruismo. Todas estas habilidades son de gran ayuda para enfrentar esta crisis, ya que nos ayudan a mantenernos en pie y seguir adelante a pesar de la incertidumbre, ayudando a los demás, para que, entre todos, podamos superar la pandemia y los extremos que generó, genera y generará”.

¿Nos volveremos más individualistas?
“No necesariamente. El distanciamiento y aislamiento social les ha demostrado a las personas la importancia del contacto físico y social. Que la soledad y aislamiento comienza a mermar su bienestar físico y emocional.
Aquí simplemente estoy diciendo una predicción, porque habría que hacer un estudio estadístico a gran escala para poder definir con precisión si nos volveremos más individualistas o no, pero creo que posiblemente surja el efecto contrario: actualmente añoramos tanto el contacto con amigos y familiares, que probablemente las personas se vuelvan más sociables y prioricen el estar con otros que estar solos. Ahora, creo que con esto tomaremos más conciencia de la importancia de tener mayor cuidado de nuestra salud, posiblemente se mantenga la costumbre del lavado de manos, de no saludar de beso a todos salvo a los más cercanos”.

Andrea Romera cita a Daniel Goleman para dar cuenta de las habilidades necesarias para enfrentar la actual crisis.

FRAGILIDAD DE LA VIDA
La fragilidad de la vida ha sido una constante en la historia de la humanidad. En el siglo XVI una desoladora epidemia de viruela hizo colapsar al imperio azteca y facilitó la conquista española de México, en 1521. Según la epidemióloga mexicana Carolina Gómez: “Casi la mitad de la población de México – Tenochtitlan, que en 1519 tenía entre 200.000 y 300.000 habitantes, murió durante el auge de esta epidemia en septiembre de 1520. La viruela atacaba principalmente a los adultos jóvenes lo cual disminuyó la resistencia de los indígenas frente a los españoles”. Más recientemente, la pandemia de gripe de 1918, conocida también como la pandemia española, está considerada como la más devastadora sufrida por la humanidad. En un solo año mató entre 20 y 40 millones de personas.

La pandemia que estamos sufriendo, ¿tiene similitud con la pandemia española de 1918?
“Sí y no. Sí en que fue una enfermedad que causó muchísimas muertes a la población, y no, porque en ese tiempo no existía la globalización que existe ahora, en donde es mucho más fácil poder transmitir un virus del otro lado del mundo. En la pandemia de 1918, si bien afectó a más países que solo a España, en esa época no había tantos viajes ni se mandaban productos a todas partes del mundo como es en la actualidad. Por tanto, ahora puede llegar hasta los lugares más lejanos. Además, espero que, en esta época de avance de la ciencia, se pueda obtener una vacuna o tratamiento para el virus mucho más expedita que en esos años”.

¿Pueden aumentar las conductas xenófobas y racistas?
“Sí, y ya se está viendo eso. Eso sucede por desconocimiento. Ya está sucediendo en nuestro país y en el mundo que están discriminando a personas de origen oriental llamándolos ‘chinos’ y culpándolos que ellos nos trajeron el virus. Esperemos que se puedan hacer campañas para frenar estas conductas que impulsan al odio”.

LA VIDA COTIDIANA CONFINADA
De acuerdo a su experiencia clínica, ¿cuáles son los efectos más frecuentes del confinamiento?

“Surge sintomatología ansiosa, depresiva, paranoica e incluso germófoba, es decir, personas que padecen miedo a los gérmenes. Ansiosa por la incertidumbre de lo que se viene a futuro. La ansiedad se puede entender como miedo a un posible futuro que se presenta como catastrófico, por tanto, es algo muy esperable que puedan sufrir las personas en esta situación. Los cuadros depresivos igualmente pueden surgir tanto como los ansiosos, ya que el confinamiento implica dejar el contacto social y la realización de actividades de distensión y deportivas. Viene el desánimo al no tener contacto de manera presencial con personas y al no saber cómo enfrentar el aburrimiento. La paranoia y la germofobia, pueden darse a partir de sentir miedo a contraer el virus y/o a morir por esto. Las noticias constantes sobre el virus pueden contribuir a que esto pueda suceder”.

¿Cómo organizar la vida familiar en espacios reducidos?
“Es muy importante que toda la familia se coordine y se establezcan normas, roles y rutinas definidas. Así todos colaboran en las labores domésticas y saben qué esperar de los otros. Junto a esto es importante ser flexibles con los demás y consigo mismo, ya que el estar en espacios reducidos hace que tengamos menos paciencia y puedan surgir más roces entre miembros de la familia”.

La vida de pareja también puede sufrir deterioro con esta continua relación…
“Muchas parejas se han visto afectadas por esta situación, porque no estaban habituadas a estar tanto tiempo juntos. Para proteger una relación de posibles separaciones es recomendable darse espacios para compartir actividades que le sean placenteras a ambos, además de darse espacios para cada uno, respetando su espacio personal. Este es el momento para poder coordinarse en las labores domésticas y de la crianza de los hijos. De no contar con hijos es el momento perfecto para explorar su sexualidad, experimentar y con eso generar mayor cercanía y complicidad en la pareja”.

¿Cómo ayudar a los niños a enfrentar esta situación límite a la que no estaban habituados?
“Principalmente el adulto debe transmitir calma a los niños. Si los niños ven que los adultos se sienten tranquilos, y los alientan diciéndoles que esto va a pasar, y este momento se aprovecha como una ocasión única donde como familia se puede compartir, esa misma calma la sentirán ellos y tendrán ánimo para sobrellevar el encierro. También es sumamente recomendable que, frente a desregulaciones emocionales, los padres acompañen a sus hijos, estando junto a ellos y ayudándolos a identificar sus emociones, a ‘ponerle nombre a eso que siento’, que muchas veces, sobre todo los más pequeños, no entienden, y junto con eso a enseñarles formas alternativas de demostrar sus emociones o de canalizar sus emociones”.

Mario Rodríguez Órdenes

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