América y la economía durante la pandemia

Es decir, un programa que busca un objetivo social, como es reactivar para dar empleo, termina con impacto parcial debido a la rígida posición que toman los bancos.

Según estimaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), las economías del continente caerán en un 5,3% en 2020, debido a las medidas de aislamiento social durante la pandemia, lo cual dejara a 11,5 millones de personas sin empleo y casi 30 millones en condición de extrema pobreza.

En Chile, según los datos más recientes del Ministerio del Trabajo, cerca de un millón y medio de personas han perdido su trabajo o bien están con sus contratos suspendidos y cobran seguros de cesantía. Se trata de cifras extremadamente preocupantes que deben llamar la atención del Gobierno y del sistema financiero.

El mismo informe de Cepal –citado en una nota de prensa de Agencia EFE- señala que las mayores economías del continente, esto es, Estados Unidos, Brasil, Argentina y México, han tomado medidas para mantener activos los sectores productivos donde con ventajas comparativas, esto es, el comercio o el sector automotriz.

México –según Cepal- se contraería un 6,5 %, al igual que Argentina y Ecuador; Brasil 5,2 %; Chile 4 %; Colombia 2,6 % y Panamá 2 %, por citar algunos ejemplos. En total, el mundo perderá casi 8,5 billones de dólares en producción económica durante los próximos dos años, de acuerdo a Naciones Unidas.

En el caso de Brasil, la producción industrial retrocedió 9,1 % en marzo, por lo cual, el Gobierno priorizó a la construcción en la lista de servicios esenciales que siguen operando. En México, el Gobierno anunció que se reabrirá la industria automotriz y se retomarán los proyectos inmobiliarios a partir del 18 de mayo.

Respecto a Argentina, el Gobierno informó que más de 640 fábricas del país que tenían suspendida su actividad desde hace más de 50 días -cuando comenzó la cuarentena obligatoria- volverán a producir en breve. Allí se cuentan talleres de fabricación de motos y neumáticos, electrodomésticos, textil, calzado y metalúrgica.

En ese contexto, Chile ha optado por hacer primar la salud de las personas, en particular, luego de decretar cuarentena en el Gran Santiago, lo cual incluye comunas industrializadas y otras donde se focalizan importantes proyectos de construcción, ya sea de oficinas o inmobiliarias, especialmente, en el sector alto de la ciudad.
A la vez, teniendo en cuenta que la pequeña y mediana empresa ofrece más de la mitad de los empleos a nivel nacional, se ha impulsado un programa de créditos con garantía estatal, a través de los bancos, cuyo objetivo es inyectar liquidez a las Pymes para que se reactiven en el corto plazo, volviendo a captar mano de obra.

Sin embrago, este proceso se ha entrabado producto de los requisitos que los bancos han puesto a las Pymes, especialmente, en cuanto al endeudamiento. Ocurre que, además, la decisión que toman los bancos al momento de realizar la evaluación crediticia no es apelable ante ninguna instancia administrativa.

Es decir, un programa que busca un objetivo social, como es reactivar para dar empleo, termina con impacto parcial debido a la rígida posición que toman los bancos. Allí es donde todavía hay tiempo para corregir y adoptar nuevas medidas que permitan dar mayor celeridad y cobertura a estos créditos para las Pymes.

De hecho, el primer balance realizado por la Comisión para el Mercado Financiero (CMF), dejó en claro que se ha dado curso a poco más de la mitad de las solicitudes de estas empresas. Y ocurre que estas iniciativas son claves para una economía que se sustenta en una amplia red de proveedores y distribuidores.

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