Adriana Valdés: “Odio las lecturas obligatorias y el adoctrinamiento vía libros”

La publicación de “Sexo, género y gramática” muestra la preocupación permanente de la Academia Chilena de la Lengua. “Fue una reflexión de ideas, de respuestas, pero también de incertidumbres y dudas”, precisa Adriana Valdés, su directora

Adriana Valdés comenta que quiere contribuir con su trabajo para que la Academia tenga mayor proyección.

Adriana Valdés Budge (Santiago, 1943), escritora y ensayista, ha construido un mundo en torno a la palabra. En el año 2019, cuando visualizaba su retiro fue elegida directora de la Academia Chilena de la Lengua. Aceptó el desafió y hoy la vemos a todo galope en un puesto que solo habían ocupado hombres desde su fundación en 1885. Temas conversó con Adriana Valdés con motivo de la reciente publicación de “Sexo, género y gramática” (Catalonia, 2020).

El libro, explica Adriana, tiene su origen en una conversación pública sobre lenguaje inclusivo convocada por la Academia Chilena de la Lengua en 2019.

Adriana, ¿cómo surge la publicación de “Sexo, género y gramática”?
“El libro viene de una conversación pública sobre lenguaje inclusivo convocada por la Academia Chilena de la Lengua en 2019. La conversación, a su vez, de las permanentes consultas que se hacían a la Academia y a los académicos sobre el tema. En la conversación, pensada para público en general y no para especialistas, intervinieron lingüistas y periodistas de la Academia, grandes periodistas chilenas, escritores y otras personas interesadas. El libro recoge fundamentalmente las intervenciones de los académicos como y algunas del público. Destaco que fue una innovación abrir la Academia a un tema de actualidad e invitar a un diálogo abierto con ese formato. Creemos que fue una ocasión memorable y el libro lo refleja. Fue una reflexión de ideas, de respuestas, pero también de incertidumbres y dudas. Muy estimulante. Se puede ver en www.academiachilenadelalengua.cl”.

¿Hay todavía mucho desajuste entre la realidad de las mujeres y el discurso social que se refiere a ellas?
“Las mujeres ahora desempeñan en la sociedad las mismas funciones de los hombres, además de las tradicionalmente ‘femeninas’, son plenamente ciudadanas; están incorporadas a la vida de trabajo y a la actividad económica, aunque muchas veces en condiciones salariales injustas, pues se les paga menos por un mismo trabajo; tienen una fuerza colectiva y una convicción que no tuvieron antes. La realidad cultural, social y económica de las mujeres ha cambiado totalmente en los últimos cien años, y ese cambio no se ha reflejado lo suficientemente en la manera en que la sociedad suele referirse a ellas, y en muchos estratos sociales tampoco en las costumbres; por eso el desajuste, el anacronismo que se percibe, y la demanda social de igualdad simbólica. Va corrigiéndose eso en nuestra generación (piense en la paridad con que se dará un futuro proceso constituyente), pero los lugares comunes discriminatorios persisten en muchísimos discursos y prácticas de la sociedad, inconscientemente las más de las veces, y son difíciles de cambiar. Es un lastre para nuestra cultura”.

Esta no es una discusión reciente. ¿Qué hitos puede señalar en torno a ella?
“Si nos circunscribimos a Chile, diría que, hasta la pandemia que paralizó todo, había una gran fuerza callejera, un reclamo muy grande en toda la sociedad, con participación masiva de las mujeres. En mi generación, que vivió bajo dictadura, el tema de las mujeres y del género fue más bien un tema de minorías ilustradas y luego de universitarias. Recordaba con veneración a mujeres pioneras en relación con el voto femenino, pero era más teórica. Llegó incluso un momento en que nuestras reflexiones y nuestros estudios, nuestras posturas, parecieron incluso fuera de época y fuera de tono, como si la causa misma de las mujeres hubiera perdido protagonismo. Y luego, la generación presente la reivindica con todo, con una fuerza enorme y una convocatoria que no hubiéramos soñado”.

Usted misma escribió en un artículo: «De lo que tienes palabra ya estamos fuera», aludiendo a la exclusión…
“Tal vez se refiere a una frase citada en un artículo mío que se publicó en México en 1983. Éramos muy teóricas, como le contaba. Usé esa frase -que no fue escrita por una mujer ni tuvo originalmente ese sentido- para señalar el hecho de pertenecer a una cultura hecha por otros, no por ti: y entonces, hablar con las palabras de los otros (los hombres, que se apropiaban de la historia y de las ideas), estar fuera, siendo mujeres, del lenguaje mismo en que nos estábamos expresando. No digo del idioma solamente, sino del lenguaje que se habla en la política, en las ciencias, en la historia, etc. Lo que se ha plasmado en palabras corresponde a una cultura ajena, que nos excluye, esa era la idea. Postura teórica que por entonces venía de las feministas francesas más radicales, y que sirvió mucho, mirada desde la distancia de los años, para despertar una conciencia”.

¿Qué tendencias cree que se impondrán?
“La pregunta se puede contestar en al menos dos planos. Volveré al del libro ‘Sexo, género y gramática’. Tal vez lo más interesante que pasó en la conversación pública y también en el libro fue, por una parte, entender que la lengua misma, como sistema, recoge los hábitos ancestrales de discriminación, no los crea. Hoy se piensa por ejemplo que el masculino genérico (‘los hombres son seres racionales’, no los seres humanos o la especie humana) invisibiliza a las mujeres, y por eso se tiene a un lenguaje que se haga cargo de su existencia. Creo que se impondrá ese reconocimiento, pero no con formas imposibles de pronunciar, como la @ o la x, ni con formas que exijan al hablante un esfuerzo antinatural de concordancia: todes estamos contentes… Es un lenguaje testimonial, lo valoro por eso, pero difícilmente podrá imponerse. En cambio, las nuevas palabras se incorporan con toda naturalidad: «Presidenta», «Diputada», «Intendenta». En resumen, la morfología y la gramática son muchísimo más difíciles de cambiar que el léxico. La necesidad de cambio está ahí, y los cambios se están haciendo. En el libro incluimos un anexo, por ejemplo, con las palabras modificadas en la última edición del DLE para evitar sesgos de género. Esto último es ahora en una preocupación para todos los lingüistas, no solo para las mujeres”.

DESDE LA ACADEMIA CHILENA DE LA LENGUA
Adriana, su propia elección en la Academia rompe una tradición absolutamente masculina en el ejercicio del cargo, ¿cómo ha sido la experiencia?

“Soy académica desde 1992, son muchos años. Fui vicedirectora de la Academia durante varios períodos, primera mujer en la directiva. Conozco la Academia y la Academia me conoce a mí, sé lo que implica dirigirla. Creo que cada director o directora querría tener un sello propio: me gustaría que recordaran mi gestión como una apertura de la Academia a nuevos temas y nuevos medios de comunicación social, y que esta apertura haya significado nuevas oportunidades de trabajo conjunto entre los académicos, nuevos equipos, nuevos entusiasmos, y también un nuevo trabajo conjunto de la Academia con la sociedad. Uno de esos temas es el del libro, pero hay muchos otros. Ahora nos estamos estrenando por necesidad en las reuniones virtuales, que nos permiten seguir trabajando incluso en estos tiempos terribles de la pandemia, pero estábamos preparados, como si lo hubiéramos presentido, para funcionar en el mundo de las redes sociales, por ejemplo, para ampliar nuestra percepción del entorno lingüístico y literario. He recibido mucho y he aprendido mucho como académica en todos estos años, y quisiera contribuir con mi trabajo para que la Academia tenga mayor proyección. He recibido una colaboración estupenda. El libro y todas las actividades de la Academia (aparecen en su página) muestran que no son cosas que yo haya hecho, sino que las hace la Academia. Eso me interesa, no lo personal, de este cargo”.

¿Qué sugerencias haría para afianzar la lectura entre niños y jóvenes?
“Dejarlos elegir. Darles un entorno en que haya mucho que leer, y gente lectora capaz de atraerlos y comunicarse con ellos. No suponer que los niños de hoy se van a interesar en lo mismo que me interesó a mí, yo creo que tienen cerebros distintos y viven mundos distintos, pero que igual necesitan vivir fantasías, emociones de otros. Mis nietos me han dado lecciones, uno de ellos, adolescente, escribe como los dioses y hace crítica de comics en internet, con otros jóvenes de todo el mundo. Otra era de niñita igual a mí, metida hacia adentro y en sus libros, necesitada de su propio espacio, de una distancia que dan los libros. Vivir otros mundos en mi mundo, subirle el techo a mi imaginación, saber que hay cosas distintas y a veces cosas mejores, proponerse miles de proyectos en esa edad en que la mente es un milagro. Odio las lecturas obligatorias, los sentimientos adocenados y el adoctrinamiento vía libros. Son maneras seguras de que los niños y los jóvenes se aburran de leer. Se trata de expandir la imaginación y el conocimiento”.

Junto con Pedro Lastra editó un libro póstumo de Enrique Lihn. ¿Cómo fue acompañarlo en ese último periodo de su vida?
“Editar ese libro póstumo, ‘Diario de muerte’, fue un encargo de Enrique que compartí con Pedro, gran amigo suyo y además uno de sus grandes interlocutores. Entre los dos fuimos viendo el manuscrito, desde los primeros títulos escritos con su letra impecable hasta los últimos, donde ya se advertía la debilidad de la mano. Doy testimonio de eso en mi libro ‘Enrique Lihn: vistas parciales’, que se publicó veinte años después de su muerte, pero cuando aún vivían los principales testigos. Creo que se reeditará próximamente en ediciones Tácitas. Usted comprenderá que la pregunta suya no se puede contestar en dos líneas, salvo que dijera algo así como ‘muy significativa’… una manera de no decir nada. El libro es la contestación, sobre todo la última parte, que es testimonial”.

¿Ha pensado escribir sus memorias?
“No. Ojalá se las imaginen, saldrían mejor”.

Mario Rodríguez Órdenes

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