A un siglo de la elección presidencial de Arturo Alessandri

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26 de julio de 2020
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Primera imagen a color del Presidente Alessandri, en la revista Zig Zag del 24 de diciembre de 1920.

El viernes 25 de junio de 1920, el maulino (nacido en Longaví) Arturo Alessandri Palma, logró una muy estrecha ventaja sobre el candidato conservador Luis Barros Borgoño. Inusitadamente se abrió a la opción de que un postulante a La Moneda no siguiera las líneas tradicionales de la política chilena en la que el Mandatario saliente dejaba instalado al sucesor. Para llegar a disputar la banda de la primera magistratura, Alessandri debió dar una épica lucha en la convención de la Alianza Liberal (la coalición que le respaldaba) y superar a líderes de gran peso como Enrique Mac Iver y Eliodoro Yáñez. El ajustadísimo triunfo (50.56% de Alessandri y 49.44% de Luis Barros Borgoño) no aseguró a don Arturo el sillón, debiendo enfrentar una dura pugna del bando conservador, que intentó con los más ruines artilugios, cerrar a toda costa su camino a la casa de Toesca.

El domingo 25 de abril de 1920 se consagró la candidatura presidencial de don Arturo Alessandri. En esa época, los partidos de una alianza (en este caso la Alianza Liberal) efectuaban una convención, donde votaban todos los adherentes por quien debía representarlos.

La Alianza eran los radicales, liberales de avanzada y democráticos. Concurrieron unos dos mil doscientos militantes de los diversos partidos y el acto se realizó en el edificio del Congreso Nacional durante todo el día 25 de abril de aquel año 20.

Los nombres que se perfilaban eran los de don Eliodoro Yáñez y Arturo Alessandri.
El favorito era Yáñez. Por sus conocimientos jurídicos, dueño del diario La Nación y su ascendiente social, parecía digno de encabezar aquel momento crítico del país, con urgencia de reformas sociales y del Estado. Además, no causaba temores ni inquietudes a los adversarios.

En los días previos, realizó una gira por el sur del país, granjeándose las simpatías de quienes lo escucharon por su palabra culta y sus ideas claras.

Pero el Partido Radical, a través de Juan Antonio Ríos, invitó a Alessandri a Concepción, el que deslumbró por su elocuencia ágil, su programa de gobierno con audaces ideas reformistas. Desde aquí recorrió otras localidades. El nombre del tribuno de Longaví prendía en el alma del país.

El Presidente Alessandri en su casa natal de Longaví, en abril de 1922. A su lado izquierdo, la ‘meica’ que lo trajo al mundo.

LA CONVENCION PARA ELEGIR CANDIDATO
El 25 de abril de 1920, como se ha dicho, se efectuó la convención para elegir al candidato de la Alianza Liberal. El acto fue presidido por Armando Quezada Acharan. Para todos, incluido Alessandri, don Eliodoro Yáñez era ganador. En la primera votación se resolvió hacer un saludo a la bandera y se aceptó que los partidos votaran por sus presidentes. Pero Alessandri logró 407 votos, Eliodoro Yáñez 102 y Enrique Mac Iver, radical, sorprendentes 294 papeletas.

Se dispuso de inmediato la segunda votación entre Alessandri, Yáñez, Quezada y Mac Iver.
Don Arturo, sintiéndose derrotado, supuso que los votos de sus contendores irían a Eliodoro Yáñez y resolvió abandonar el recinto del Congreso y dirigirse a su casa.

Como si lo anterior no fuera suficiente, al salir, vio desplegarse un amplio cartel con la leyenda “Secretaria del Candidato Eliodoro Yáñez”.

Estaba en su casa, en la Alameda, cuando sintió voces y sonar reciamente la campanilla de la puerta. Acudió a ver el causante de ese alboroto y se encontró con una multitud que prácticamente lo llevó en andas al local del Congreso. El resultado de la votación había sido sorprendente: 801 votos para Alessandri, 261 en favor de Eliodoro Yáñez, 108 para Armando Quezada y 50 para Mac Iver, siendo ésta la mayor sorpresa.

El longaviano y linarense Arturo Alessandri, sale del Congreso tras asumir el mando del país, el 23 de diciembre de 1920.

“YO SOY UNA AMENAZA”
Alessandri llegó hasta el edificio del Congreso acompañado por la muchedumbre que, sin mayores miramientos, subió al electo candidato sobre la mesa de la presidencia. Desde allí, y ante un silencio casi sepulcral, don Arturo dijo las palabras que marcarían su camino a la Moneda:

“Ha sido costumbre –dijo– oír a los que han tenido la satisfacción de alcanzar el honor que ahora vosotros me discernís que no son una amenaza para nadie. Mi lema es otro: Quiero ser una amenaza para los espíritus reaccionarios, para los que se resisten a toda reforma justa y necesaria. Yo quiero ser una amenaza para los que se alzan contra los principios de justicia y de derecho. Quiero ser una amenaza para todos aquellos que permanecen ciegos, sordos y mudos ante las evoluciones del momento histórico presente”.

La candidatura de Alessandri urgió a los conservadores de la Coalición (Partido Conservador y los Liberales Unionistas) a designar al postulante de sus filas. Tras votarse entre trece nombres, se optó por Luis Barros Borgoño, ganador por escasa mayoría. El sector clerical, miró con desconfianza al candidato, quien era sobrino de Diego Barros Arana, connotado librepensador.

La Federación de Estudiantes (FECH) apoyó inicialmente la postulación de don Arturo. También lo hizo “El Mercurio”, con la firme adhesión de Rafael Maluenda. “El Diario Ilustrado”, por otro lado, hizo dura oposición.

Juvenal Hernández, entonces estudiante de leyes, “arregló” la letra de la famosa canción mexicana “Cielito Lindo” (de Quirino Mendoza y Cortés) con versos bastante agresivos: “Va en brazos de la Alianza/ Cielito Lindo / el gran Arturo. / Y es natural con esto, / Cielito Lindo/ triunfo seguro. / Una marca de fuego, / Cielito Lindo, / tiene Borgoño: la de creerse libre, /Cielito Lindo/ y ser pechoño”.

El ambiente se enrareció de inmediato en el gobierno de Sanfuentes. Hubo temor ante este candidato que de tal forma agitaba un ambiente que fue quieto por un siglo, sin pugnas ni amenazas por el poder. Era preocupante la adhesión de la oficialidad joven del ejército hacia Alessandri.

El 4 de mayo en la tarde, Alessandri llegó en triunfo a Linares, siendo recibido por una multitud que desbordó el recinto de la estación, la calle Brasil e Independencia. No dejó de llamar la atención la presencia de jóvenes oficiales de ejército. Fue llevado en andas hasta la plaza de armas, donde se ubicó un estrado entre los dos leones de ese lugar. Después se le ofreció un banquete de cuatrocientos cubiertos en el Hotel Comercio.

Por primera vez había tal revuelo ante una elección. La gente más sencilla pasaba horas ante la casa de don Arturo, en la Alameda de Santiago, sólo para oír su voz. Muchos arrancaban pedazos de las murallas como reliquias.

El viernes 26 de junio se efectuó la elección. En esa época se usaba el sistema de electores, donde se sufragaba por un ciudadano que, de ser ganador, votaba por el aspirante de sus preferencias. De esta forma, Alessandri logró 82.083 votos, con un 49.48% de las preferencias y Barros obtuvo 83.100 sufragios, con el 50.1% de las papeletas. Pero en electores, Alessandri logró 179 y Barros 175. Literalmente Alessandri había ganado, pero el mínimo margen, obligaba a buscar una instancia para decidir la elección. Luis Emilio Recabarren, que iba en la postulación, logró el 0.41% de los votos y ningún elector. La prensa adicta a la Alianza proclamó sin más el triunfo alessandrista, mientras que la del bando conservador, guardó silencio. Al no existir forma legal de resolver la elección se designó un Tribunal de Honor integrado por “hombres probos” para decidirlo. Este se reunió el 30 de septiembre de 1920. Lo integraron Emiliano Figueroa, Ismael Tocornal, Ramón Briones, Fernando Lazcano (quien falleció antes y fue reemplazado por Abraham Ovalle), Armando Quezada, Luis Barriga y Guillermo Subercaseaux.

La Moneda urdió una oscura trama: se designó Ministro de Guerra a Ladislao Errázuriz. El plan era sacar los regimientos de las ciudades, en especial Santiago, para debilitar el apoyo hacia Alessandri. Se utilizó un golpe de Estado ocurrido en Bolivia y se dijo que tropas de ese país venían a la frontera del norte. Trenes interminables llevaron a los soldados hacia esa zona. Pero la maniobra fue descubierta y el episodio se conoció como “la guerra de don Ladislao”.

El 21 de julio la juventud conservadora asaltó y saqueó la Federación de Estudiantes, ubicada en Ahumada, por sus simpatías con Alessandri. Entre los atacantes resultó herido el joven alumno de derecho Alberto Hurtado Cruchaga. Poco después fue detenido, acusado de anarquista, el estudiante de leyes José Domingo Gómez Rojas, quien murió en la cárcel el 29 de septiembre, un día antes que se reuniera el Tribunal de Honor. El enorme funeral pasó frente al Congreso y La Moneda.

El tribunal, reunido en el Congreso, reconoció 177 electores a Alessandri y 176 a Barros Borgoño, otorgando la presidencia a don Arturo. El 23 de diciembre de 1920, a las dos de la tarde, Arturo Alessandri recibió la banda presidencial en el Salón del Congreso. La insignia del mando se suelta y cae al piso. Alessandri lo ve como un mal augurio. Camino a La Moneda, la muchedumbre (varios maulinos entre ellos), sacaron los caballos y llevaron el coche por sus manos al Palacio Presidencial.

En la sede de gobierno y mientras revisa las tropas, una multitud se lanza contra el local de “El Diario Ilustrado”, feroz enemigo de Alessandri, en la esquina de La Moneda. Una pedrada deja al redactor Rafael Luis Gumucio con el rostro lleno de sangre. Alessandri hizo oír su vozarrón, en un hecho inédito en la historia presidencial, y ordena a los manifestantes retirarse y a la policía cumplir su labor. Todos obedecieron. Fue la primera muestra de firmeza del jefe de Estado.
La hacienda pública estaba en bancarrota. Para pagar los sueldos de los funcionarios, se pidió préstamos a bancos particulares, los cuales rechazaron al fisco como garantía y debió asumir como aval el propio Alessandri.

Pero la masa social espera las reivindicaciones ofrecidas. En el mensaje Presidencial de 1 de junio de 1921, anunció la dictación del Código del Trabajo, impulsar la edificación de escuelas. Además, era necesario ejecutar obras públicas para aliviar el alto índice de cesantía, iniciar un amplio programa de viviendas para obreros, crear cooperativas en beneficio de sus asociados. Fue indispensable abrir albergues para dar comida a muchas familias. La oposición a Alessandri es tenaz y la encabeza “El Diario Ilustrado”, de derecha y la revista “Claridad”, de izquierda y editada por la FECH, que se vuelve también en su contra.

El 2 de junio de 1921 Alessandri envía al congreso el Código del Trabajo. La tramitación es demorada con indicaciones que dilatan aquel cuerpo legal, especialmente de parte de los conservadores.
Por presiones y obstáculos de la oposición, el Presidente debió cambiar varios ministerios. Incluso nombró ministro de hacienda a Aníbal Rodríguez, quien había sido su tenaz opositor en la campaña.
El Senado puso objeciones y condiciones para algunas reformas presupuestarias destinadas a mantener la caja fiscal y pagar sueldos, pero votó favorablemente una transacción de la Compañía de Salitre de Antofagasta con el fisco, en defensa de los accionistas, vinculados con varios parlamentarios.

Alessandri, desde el balcón de la Moneda, a pocos minutos de asumir el poder, el 23 de diciembre de 1920.

RUIDO DE SABLES
La situación estaba al borde de la crisis institucional. El 3 de septiembre de 1924, en la Sesión Ordinaria N° 71 del Senado, se discutían varias leyes de interés social: jornada de ocho horas, supresión del trabajo infantil (medida que fue anterior a la fundación de la UNICEF en 1946) reglamentación del contrato colectivo, una ley de accidentes del trabajo (la primera de América), el seguro obrero, legalización de los sindicatos (objetada por los conservadores), creación de los tribunales de conciliación y arbitraje laboral (que podía arrastrar a los patrones ante un juez en caso de abuso), etc.

A las galerías acudieron numerosos oficiales jóvenes. Cuando las leyes indicadas fueron rechazadas, hacían sonar sus sables contra las sillas. Al final, se votó una ley que aumentaba las dietas de los congresales, siendo aprobada con todos los sufragios. El ruido en las graderías aumentó y el Ministro de Guerra Gaspar Mora Sotomayor les ordenó abandonar el hemiciclo. Salieron pausadamente arrastrando sus sables. Se había acuñado el término “ruido de sables”.

En la tarde del 8 de septiembre de 1924 un grupo de oficiales llegó a La Moneda. Ante el bullicio del exterior, don Arturo preguntó qué sucedía. Los uniformados (constituidos en un “Comité Militar”) exigieron la disolución del Congreso y la conformación de una junta militar para “depurar política y administrativamente el país”, pero no se pedía la dimisión de Alessandri.

Don Arturo, entonces, presentó su renuncia al Congreso, la que fue rechazada en dos oportunidades. De paso, los legisladores, atemorizados, aprobaron de inmediato las leyes demoradas.

Se le concedió un permiso constitucional al Presidente y éste dejó el mando el 9 de septiembre. Tras hospedarse con su familia en la embajada norteamericana, dejó el país rumbo a Europa.

Sin embargo, ante la difícil situación política y económica, y tras varias juntas de gobiernos sin resultados, se pidió el retorno de Alessandri. Llegó a Santiago apoteósicamente el 20 de marzo de 1925. De inmediato dispuso dictar una nueva Constitución Política, pero se le impuso como Ministro de Guerra a don Carlos Ibañez del Campo, sin opción de pedirle la renuncia. Es más, Ibañez envió un oficio a los ministros donde ordenó que cualquier documento emanado del Mandatario no era válido sin su firma. Ante ese hecho de insubordinación, Alessandri presentó su renuncia el 2 de octubre de 1927.
Carlos Ibañez del Campo iniciaba su camino al sillón presidencial.

Jaime González Colville
Academia Chilena de la Historia

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