A 95 años de la Constitución de 1925

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23 de agosto de 2020
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El Presidente Alessandri da a conocer la Constitución de 1925 en el Congreso Pleno.

El 22 de febrero de 1925, don Arturo Alessandri se embarcó en el puerto francés de Boulogne Sur Mer, en el vapor “Antonio Delfino”, para regresar a Chile. Ha sido llamado desde nuestro país, tras el fracaso de las diversas tentativas de gobierno y ante el temor que la situación política se precipite a un abismo. Se le aguarda como un mesías salvador. La escritora Iris Echeverría Larraín lo llama “El Enviado”. Es tal esa devoción, que la última junta de gobierno presidida por Emilio Bello Codecido resuelve, en marzo de 1925, dar su nombre a la Alameda de Santiago. Pero Alessandri lo rechaza y desde esa fecha la legendaria arteria se denomina Bernardo O’Higgins.
Antes de embarcar escribió: “Confío en el patriotismo de todos los chilenos para devolver a Chile el orden que fue siempre la base de su prestigio y para darle una Constitución moderna, que afiance el principio de autoridad y que le acuerde al pueblo el bienestar moral y material que le corresponde”.

Manuscrito de la Constitución Política de 1925 conservada en el Archivo Nacional.

Tras asumir el 20 de marzo de 1925 a su regreso del exilio, Alessandri, el 4 de abril, invitó a La Moneda a una reunión solemne de 150 personas de las diversas corrientes, sectores u opiniones del país. No todos llegaron. Les expuso que la Carta de 1833 había arrastrado a la patria a las circunstancias vividas y era necesario convocar a una Asamblea Constituyente en el menor plazo que la situación lo permitiese. Sugirió como fecha el 26 de julio, dando tiempo para las nuevas inscripciones electorales. Propuso crear esa asamblea con dos tercios de elección popular y un tercio de las fuerzas vivas de la nación.

Opinaron Eleodoro Yáñez, liberal; Enrique Oyarzun, radical; Arturo Lyon, Conservador. Todos, de diversas ideologías, pero coincidieron en que una Asamblea Constituyente era inviable por las contingencias y el nivel de agitación que provocaría en el país. El resto de los asistentes, incluso de izquierda, como el dirigente comunista Manuel Hidalgo Plaza, fueron concordantes con ello.

Alessandri escuchó los razonamientos y los entendió. Aun cuando siguió con su ronda de consultas, no hubo voces disidentes en el tema. Así las cosas, dictó el Decreto Ley 1.422 del 7 de abril de 1925 creando una “Comisión Consultiva” que a su vez se subdividió en dos organismos: la comisión de reforma, donde Alessandri y su Ministro de Justicia, José Maza Fernández, redactaron el borrador de la Carta y otra encargada del sistema de votación, para su aprobación o rechazo. Posteriormente se amplió esa comisión mediante resoluciones del 23 de julio y del 3 de agosto. La idea fundamental de Alessandri era que ninguna corriente de opinión quedara marginada. Incluso convocó a los enemigos que más le odiaban.

La Constitución de 1925, firmada por el Presidente Alessandri y los ministros, a la izquierda, en cuarto lugar, Carlos Ibáñez del Campo.

En la primera reunión de la Comisión Consultiva efectuada el 16 de abril, Alessandri expresó a los integrantes que era necesario terminar con el parlamentarismo, que obligaba a renunciar a los ministros antes que estos alcanzaran a imponerse de los problemas de su cartera, quitando al Presidente el legítimo derecho de designar y mantener a los secretarios de estado en sus cargos, mientras contasen con su confianza. Resaltó que el Primer Mandatario está “para gobernar y no para ser gobernado”. Escuchándolo, el representante del partido Radical Carlos Vicuña Fuentes (más tarde se haría militante del socialismo) y quien fuera opositor a la candidatura de Alessandri a través de la Revista “Claridad”, expresó estar de acuerdo con el Mandatario, por cuanto, recordó la frase de Julio César: “Es necesario que alguien en Roma piense y actúe por la enorme muchedumbre que no piensa ni actúa”.

Pero Vicuña Fuentes, que en 1948 sería el abogado de Neruda en su conflicto con el gobierno de González Videla, expresó premonitorias palabras: “Es posible, sin embargo, que la irreductible anarquía mental de nuestra época, produzca discusiones tan estériles, tan discontinuas, tan incoherentes que sea imposible sacar de ellas las instituciones nuevas, que todos anhelamos para nuestra patria”.
Se formaron, como se dijo, dos comisiones: una, denominada “reforma”, para redactar la nueva carta fundamental y otra, para determinar la forma de votarla. Desde luego, la primera, que presidió Alessandri, fue la de más importante labor. Tuvo sí, un cerebro de gran talento que la guío: don José Maza Fernández, Ministro de Justicia, quien fue, en la práctica, el redactor de esa Carta.

Portada del primer texto de la Constitución de 1925.

La de reforma la compusieron Pedro Nicolás Montenegro (liberal democrático), Enrique Oyarzún (radical), Eliodoro Yáñez (liberal democrático), Ramón Briones Luco (radical), Jorge Andrés Guerra (nacional), Héctor Zañartu Prieto (liberal democrático), Manuel Hidalgo Plaza (comunista), Francisco Vidal Garcés (conservador, de Talca), Romualdo Silva Cortés (conservador), José Maza Fernández (ministro de Justicia, de filiación liberal), Guillermo Edwards Matte (liberal, hermano de Ismael Edwards enconado enemigo de Alessandri), Pedro Nolasco Cárdenas Avendaño (democrático liberal), Roberto Meza Fuentes (socialista, ex alumno del liceo de Talca), Carlos Vicuña Fuentes (radical) y Edecio Torrealba, quien actuó como secretario. En algunas sesiones participaron Ricardo Ahumada Montero, ex rector del Liceo de Talca en 1891; Onofre Avendaño Flores (de profesión sastre, de Talca), Rafael Silva Lastra (profesor, de Linares), el Dr. Juan Marín Rojas y Daniel Martner, de Talca y Constitución, respectivamente. Como se observa, cinco maulinos formaron parte de esta trascendental instancia.

Ricardo Ahumada Maturana, integrante de la Comisión Reforma, fue rector del Liceo de Talca en 1891.

Entre las reformas fundamentales se establecieron el fortalecimiento del régimen presidencial, donde el mandatario tenía atribuciones para designar a sus ministros con independencia y éstos no podían ser removidos por el Congreso, salvo mediante acusación constitucional. En el parlamento se radicaba la facultad legislativa y fiscalizadora, estableció el voto directo, libre e informado (aun cuando se excluyó a la mujer de ese derecho) eliminando la instancia del “elector de Presidente”; se aumentó el mandato presidencial a seis años. Los cargos de ministros y parlamentarios eran incompatibles. Fortaleció la libertad de prensa y suprimió los “jurados” que juzgaban los delitos de esta instancia (y que venían del régimen colonial) y los entregó a resolución de los tribunales.

Medalla conmemorativa de la Carta Fundamental de 1925.

De igual forma se determinó la separación absoluta del Poder Ejecutivo del Legislativo y la demarcación de sus atribuciones para evitar conflictos. Acogió la separación de la Iglesia del Estado y garantizó la total libertad de cultos (lo cual motivó la protesta de un grupo de señoras de Santiago quienes pidieron no eliminar el nombre de Dios de la nueva Carta); la propiedad privada fue inviolable, aseguró protección al trabajo y las industrias, determinó la previsión social, estableció normas sobre viviendas adecuadas de la población y dar a cada habitante un mínimo de bienestar. Suprimió el Consejo de Estado por no tener representación popular, creó el tribunal calificador de elecciones, evitando que las cámaras del Congreso fiscalizaran esos actos. Sin embargo, hubo constituyentes, como don Alejandro Bustamante Cárpena, quien sugirió impedir la reelección indefinida de diputados y senadores. Pero la moción no fue aprobada. Don Luis Malaquías Concha, hijo del célebre político y pensador, propuso dar autonomía a las provincias con elección de gobernadores y otorgar atribución financiera a los municipios, sin encontrar apoyo. Esta comisión trabajó esforzadamente en 33 sesiones desde el 18 de abril de 1925 y hasta el 3 de agosto de ese año. Se redactaron tres proyectos constitucionales, de los cuales, en definitiva, se optó por uno.

Daniel Martner Urrutia, integrante de la Comisión Reforma, natural de Constitución.

EL PLEBISCITO CONSTITUCIONAL
Terminada la discusión del texto, satisfechos los de un sector, no tanto los de otro, pero convencidos todos los constituyentes que esa Carta Magna pondría al país en orden institucional, el 31 de julio de 1925 (tres meses después de iniciado este proceso) se ordenó imprimir y difundir el texto y se dictó el Decreto Ley 461 convocando a un plebiscito nacional para el domingo 30 de agosto, cuyo texto fue redactado de puño y letra por Alessandri.

El universo electoral era de 296.259 inscritos, sin embargo, dado que para la gran mayoría de la población este era un tema de poca trascendencia, se vislumbró un escaso interés en los comicios Se dispuso que el sufragio fuera libre y secreto y para ello se estableció el funcionamiento de Juntas Receptoras, con acuerdo de la ley de elecciones.

Los votos se confeccionaron en tres colores:
Color rojo, con el texto “Acepto el proyecto de Constitución presentado por el Presidente de la República, sin modificación”.
Color azul, con el concepto de “Acepto el proyecto de Constitución, pero con régimen parlamentario y la consiguiente facultad de censurar Ministerios y postergar la discusión y despacho de la ley de presupuestos y recursos del Estado”.
Color blanco, con la simple expresión: “Rechazo todo proyecto”.

Dr. Juan Marín Rojas, integrante de la Comisión Reforma. Tenía 25 años al ser designado. Nacido en Constitución.

Sin embargo, apenas abierta la campaña, las directivas de los partidos radical, conservador y comunista, esta vez unidos en una sola línea, iniciaron una enérgica acción en contra del procedimiento de votación y la fórmula de gobierno propuesta por el Presidente. De esta virulenta guerrilla, los radicales terminaron descolgándose y aconsejaron la abstención. El único partido que apoyó la postura de Alessandri fue el liberal democrático.

El 17 de agosto, con su acostumbrada elocuencia, el Presidente habló por radio a todo el país defendiendo la opción de aprobar la Carta.
El acto eleccionario fue tranquilo, pero sólo sufragaron 161.838 ciudadanos (un 54.63% se abstuvo), de los cuales, 127.483 (un 94.84%) aprobaron el texto constitucional, 5.448 (un 4.05%) estuvieron por mantener el régimen parlamentario y 1.490 (un 1.11%) rechazaron todas las opciones.

En el mismo texto, se fijó el 22 de noviembre de 1925 para la elección del nuevo Congreso, el cual asumiría sus funciones el 21 de mayo de 1926.

Integrante de la Comisión de Reforma, Onofre Avendaño Flores, de Talca.

El 18 de septiembre de 1925 el Presidente dictó el Decreto Ley promulgando la nueva Constitución Política del país. Fue firmada por Alessandri y todos los ministros en el Salón de Honor de la Moneda, tras el retorno del Te Deum de Fiestas Patrias de la Catedral. El acto fue ante los altos mandos de las Fuerzas Armadas y el cuerpo diplomático.

La Constitución de 1925, no obstante, sólo vino a tener plena vigencia a contar de 1930, por cuanto, en el Gobierno de Carlos Ibañez del Campo, quien fue uno de sus firmantes y defensores, sufrió vulneraciones en sus aspectos fundamentales de libertades públicas y respeto a los poderes del estado.

Rafael Silva Lastra, integrante de la Comisión Reforma, profesor de Linares.

De este texto, se hicieron solo doce ejemplares impresos, suscritos por los ministros de entonces. De quienes formaron parte de las comisiones constituyentes, sólo en 1945, por preocupación del jurisconsulto don Aníbal Bascuñán Valdés, se publicó la biografía de cada uno en la obra “Los Constituyentes de 1925”, con la colaboración de los abogados Mario Bernaschina G. y Fernando Pinto L. De este texto, de igual forma, se editaron doce ejemplares y en sus páginas está la intervención que, en mayor o menor forma, tuvieron en la elaboración de la Carta Fundamental que, en cierta manera, aún rige nuestro país.

Todo el proceso de redacción, discusión, publicación, votación, aprobación y promulgación de la Constitución de 1925, una de las más respetadas de América y el mundo, demoró cinco meses.

Jaime González Colville
Academia Chilena de la Historia

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