Nuestro Brexit

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3 de febrero de 2020
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Juan Carlos Pérez de La Maza. Licenciado en Historia. Egresado de Derecho

Nuestro Brexit

El pasado fin de semana fue para los europeos y, en especial, para los británicos, una fecha para recordar. El 31 de enero se cumplió el plazo para que Gran Bretaña saliera de la Unión Europea, entidad de la que formaba parte desde hacía casi 5 décadas. Tal salida, el Lector debe recordarlo, polémica y de grandes dificultades, fue producto de la voluntad democrática de los propios británicos, quienes así lo decidieron en un plebiscito efectuado en junio de 2016. Y ese es el tema que quiero abordar hoy.

Antes del mentado plebiscito, todos los estudios, todas las encuestas y la opinión de todos los analistas coincidían en una cosa: ganaría la opción favorable a la permanencia de Gran Bretaña dentro de la Unión Europea. Si bien la contienda se veía estrecha, todos los estudios señalaban, con leves diferencias, que el Brexit (Britain Exit) no sería favorecido por los votantes en el plebiscito. La misma opinión tenía la dirigencia política, que aseguraba conocer los sentimientos de la ciudadanía británica.

Y se equivocaron. Los políticos, los analistas y las encuestadoras. Contra todos los pronósticos, ganó el Brexit con un 51,9% de las preferencias y, tras un largo y doloroso proceso posterior, hace un par de días Gran Bretaña abandonó la UE. ¿Qué lecciones podemos obtener nosotros, ad portas de efectuar un plebiscito, de lo ocurrido en Gran Bretaña?

Primero que, en esta sociedad tan tecnológica, de tantas redes sociales y de hiperconectividad, es muy difícil predecir el comportamiento de la ciudadanía. Este es cambiante, sorprendente y hasta voluble. Muchas veces basta un solo hecho significativo para que la opción ciudadana mayoritaria cambie. Ninguna opción, por aventajada que aparezca, tiene asegurado el triunfo.

Además, observando la actitud de los británicos con posterioridad al plebiscito, pareciera que el resultado también les sorprendió. Y, tras algunos meses, muchos de ellos cambiaban su opinión a tal punto que, según otras encuestas, de haberse realizado un nuevo referendum un año más tarde, el resultado habría sido el opuesto. O sea, a veces la ciudadanía se permite ser inconsecuente consigo misma.

Por último, y esto es especialmente pertinente al Chile actual, la clase política no siempre sintoniza con el sentir ciudadano y, así como ocurrió con los británicos, mal interpretan las señales, sobrevaloran la opinión de los grupos más vociferantes y se dejan llevar por lo que observan en la calle, despreciando o ponderando con rebaja lo que algunos llaman la “mayoría silenciosa”, que no desfila ni lleva pancartas y que, a menudo, marca opciones mucho más conservadoras que los líderes políticos.

Cuando estamos a 82 días del plebiscito en que habremos de decidir si optamos por cambiar nuestra actual Constitución y, cuando numerosos estudios de opinión, encuestas y analistas señalan que pareciera haber una tendencia favorable al cambio, conviene tener a la vista la experiencia británica: Las encuestas no siempre aciertan (cada vez lo hacen menos), la opinión pública es inestable y a veces inconsistente y, por último, los políticos más altisonantes no siempre sintonizan con el sentir popular.

Juan Carlos Pérez de La Maza

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

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