Ética Cívica, Chile

Jorge Navarrete Bustamante

Por ética cívica entendemos que es la parte de la ética, de la reflexión, que se refiere a nuestro comportamiento en una comunidad social. Es el esfuerzo de los seres humanos para pensar, justificar y realizar el gran proyecto de la convivencia justa.

Preparando mis clases y leyendo una vez más a la filósofa valenciana, Adela Cortina, formada en la Escuela de Fráncfort, específicamente con su maestro, Jurgens Habermas, plantea algo muy apropiado con las circunstancias que actualmente vive Chile; ello en el sentido que una sociedad sea pluralista, no significa que no tengan nada en común. Es decir, una sociedad es moralmente pluralista cuando en ella conviven personas que tienen diferentes concepciones morales de lo que es la vida buena, diferentes proyectos de felicidad, es decir, diferentes máximos de felicidad; pero precisamente logran convivir pacíficamente porque al mismo tiempo tienen unos mínimos de justicia, que todos comparten y que todos respetan. Esos mínimos componen lo que se llama una ética cívica:

1.- La libertad, entendida como autonomía moral (cada persona es libre de querer unas cosas y no otras, siempre que no dañe a los demás) y como autonomía política (cada ciudadano puede participar activamente en la vida política de su comunidad).

2.- La igualdad, entendida como igualdad de oportunidades para alcanzar unos mínimos materiales y unas mínimas condiciones sociales y culturales para desarrollar una vida digna.

3. La solidaridad, entendida como una acción para apoyar al débil para que alcance la mayor autonomía y desarrollo posibles. En un mundo con tantas desigualdades, difícilmente se puede lograr la libertad y la igualdad sin unas acciones solidarias.

4.- La tolerancia, o mejor dicho, el respeto activo: la sola tolerancia puede llevar a la indiferencia, por tanto, es mejor hablar de respeto activo (no solo permito que el otro, el diferente a mí, pueda convivir conmigo, sino que además procuro entenderlo, preocuparme por él, apoyarlo, e incluso aprender de él).

5- El diálogo, como la mejor manera de resolver los problemas que supone la convivencia plural. La violencia trae resentimiento, odio y deseos de venganza, mientras que el diálogo permite buscar una solución pacífica que satisfaga a las partes y crear unas normas básicas de convivencia.

Ella, Adela Cortina, estudió precisamente la Ética Cívica cuando antes del año ´78, España no tenía una constitución democrática. Era un estado confesional. Iba a pasar a ser una sociedad pluralista. Y, por ello, muchas gentes se echaron las manos a la cabeza y se dijeron «dios mío” qué va a pasar ahora: aquí va a ocurrir cualquier cosa; si dios no existe todo va a estar permitido, y aquí no va a haber una ética común porque habrá creyentes, pero también habrá no creyentes, habrá agnósticos y ateos, habrá gentes de distintas religiones, y aquí puede pasar cualquier cosa: “Caeremos al abismo”…

Ello es una analogía del Chile que pronto viene…
(Continuará…)

Director. Magister en Gestión y Políticas Públicas.
FEN. Universidad de Talca.

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