250 km de pedaleo en un Maule estrangulado

“Cicloturismo Chile Profundo” recorrió el río Maule en bicicleta desde su inicio hasta el epílogo, dividiendo la ruta en dos tramos: primero desde su origen en la laguna andina hasta el puente de la 5 Sur, y el segundo desde la Estación de Corinto hasta su desenlace en el Pacífico

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19 de enero de 2020
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Del latín “strangulāre” (retorcer o sofocar forzosamente) el verbo estrangular, entre otras acepciones, alude también a la interrupción en el tránsito de los vasos sanguíneos en cualquier parte del cuerpo, por medio de la presión ejercida intencionalmente en un punto determinado. Entonces: si nuestra región fuera ese cuerpo y pudiéramos observarlo desde una altura considerable, contemplaríamos el impresionante espectáculo en que un río esencial para la vida -el Maule- se encuentra deliberadamente estrangulado “en pos del progreso”. Oprimido con fuerza superlativa en la zona montañosa, apenas un fantasma de él fluye con dificultad aguas abajo, hasta desembocar lastimosamente en el océano.

Durante miles de años existió una relación armónica entre la sociedad pre-industrial y la naturaleza, pero hoy asistimos a una gravísima fractura del “metabolismo planetario”, provocada por la necesidad de crecimiento constante del capital que, agitando las banderas amarillas del progreso y la iluminación, nos ha empujado forzosamente a una gravísima escena ecodestructiva, también observable en otros ríos de Chile como el Maipo, o del mundo como el Amazonas.

Así, mientras las empresas extractivas en el Maule aseguran su rédito, poco parece importarle a la comunidad en general que aguas abajo, miles de maulinos reciben un río esquilmado que incide directamente en la vulnerabilidad, el desempleo y la precariedad laboral de los habitantes del Maule en el Valle Central y su desembocadura.

Hemos decidido en la organización “Cicloturismo Chile Profundo” recorrer el río Maule en bicicleta desde su inicio hasta el epílogo, dividiendo la ruta de 250 km en dos tramos: el primero (“Maule arriba”) será desde su origen en la laguna andina hasta el puente de la 5 Sur, mientras que la segunda parte de nuestro recorrido (“Maule abajo”) será desde la Estación de Corinto hasta su desenlace en el Pacífico. La parte alta de este recorrido (Paso Pehuenche al puente sobre el Maule en la Ruta 5) la realizaremos pedaleando en la ruta asfaltada que junto al río existe. Mientras que el recorrido Maule abajo lo haremos pedaleando en la serpenteante vía férrea del último ramal ferroviario chileno, desde la estación de Corinto hasta la barra en Constitución.

Esta experiencia en bicicleta no se tratará de una impresionante proeza física y no es tampoco un relato meramente pesimista sobre el Maule y su futuro. Pedaleamos para sensibilizar a la comunidad en general sobre las consecuencias de un modelo nacional de producción y consumo que en el río Maule ha demostrado ser devastador, poniendo en riesgo nuestra supervivencia hoy e impactando de manera injusta en la población más pobre y vulnerable ubicada Maule abajo.

Debiendo serlo, viajar por nuestra región no siempre es bonito. No siempre es cómodo pedalear junto a su vernáculo cauce en estado de degradación. A veces duele, incluso rompe tu corazón contemplar cómo muere lentamente el que antes fuera un hervidero de vida, el río Maule. Pero eso está bien. El viaje consciente en bicicleta te cambia; debería cambiarte. Y eso nos ocurrió a nosotros, al ver al Maule nacer en una cascada fuerte y cristalina a poco más de 2500 msnm para observarlo no muy lejos de allí, disminuido en la laguna homónima debido al calentamiento global y esquilmado gracias a la actividades extractivas de la industria hidroeléctrica.

LA LAGUNA
Situada en plena cordillera de Los Andes, la laguna del Maule está ubicada a 150 km de la ciudad de Talca, a 400 km al sureste de Santiago y a 22 km del límite con Argentina. Cruzando la frontera, la ciudad de Malargüe se encuentra distante a unos 185 km, que equivalen a unas 5 horas promedio de conducción y trámites de aduana, en condiciones normales del vehículo y de la ruta en Argentina. La laguna se encuentra aproximadamente a 2.150 msnm, altura que la mayor parte de la comunidad científica no considera peligrosa para el ser humano. De origen volcánico, la laguna posee 45 km² de superficie, constituyéndose en la fuente del principal río que da el nombre a la región.

En un tono mitológico se hablaba sobre la laguna del Maule en el pasado. En 1977 M. Francisco Mesa Seco señalaba que “cuanta cosa extraordinaria sucedía, se pensaba que provenía de allí… una especie de divinidad intocable”. 40 años más tarde se terminó de construir la vía asfaltada que unió a Chile y Argentina a través del Paso Pehuenche. Desde entonces, la laguna del Maule no será más un lejano e inaccesible territorio: calculado su valor económico, se creyó necesario asfaltar la ruta no tan sólo para ofrecer una alternativa al Paso Internacional “Los Libertadores” o facilitar el flujo de turistas en un corredor bioceánico, sino para dotar con la infraestructura necesaria a la industria hidroeléctrica que ha intervenido el Maule para ofrecernos el progreso que ansiamos tanto.
Desde los ´80, una a una se construyeron centrales hidroeléctricas en el alto Maule, interviniendo su cauce hasta transformarlo en lo que es hoy: el río de la fama y del despojo. Pedaleando desde el Paso Pehuenche hacia Talca observamos los procesos ecodestructivos que la industria hidroeléctrica ha dejado a su paso. El estrangulamiento del Maule aguas arriba ha convertido a la zona andina del mismo en un repositorio de desperdicios y ello ha sido denunciado muchas veces por organizaciones como “Defensores del Alto Maule”, no encontrando siempre una respuesta favorable a sus inquietudes medioambientales por parte del sector empresarial y el gobierno local.

Parapetado en sus trincheras cívico-militares, el neoliberalismo en los ´80 se dispuso a realizar sin desasosiego una de las mayores transformaciones faraónicas en la zona central del país: embalsar el Maule en un valle cordillerano, sin importar las consecuencias geográficas, climáticas y sociales de dicha acción, al estrangular el paso de las aguas del río Maule, tal cual éstas habían circulado desde el principio de los tiempos.

A los niños de entonces, la maqueta de la monumental obra nos fue exhibida en uno de los pabellones de la extinta Fital y nadie en el Chile verde-oliva de entonces reclamó públicamente por lo que se haría en el corazón de nuestra región, a diferencia de lo que ocurrió recientemente cuando se intentaron construir represas en la Patagonia, situación que provocó un profundo rechazo tanto en Chile como en el extranjero. En los ´80 la más mínima candileja opositora al estrangulamiento del Maule sería presumiblemente sofocada con un golpe que defendería el lago de prosperidad que surgiría en al Maule arriba sin importar la miseria y degradación del Maule abajo.

Las comunas de San Clemente y Colbún son popularmente conocidas por su vocación hidroeléctrica expresada a través de su pareja de embalses: Colbún y Machicura. Ambos formaron un complejo de lagunas artificiales tras la inundación de los valles y la posterior construcción de la carretera hidroeléctrica que vino consigo. A casi 40 años de su puesta en servicio, la comunidad en general parece que ya asumió que estos lagos artificiales les ofrecen una oportunidad recreacional que bien podría ser estudiada en base al impacto ambiental que ha significado la acción de la empresa a cargo de las mismas y su retención de las aguas del río Maule. No hay duda alguna respecto del aumento en la generación de los puestos de trabajo, ¿pero a qué costo? Eso lo sabremos con la debida investigación y la sensibilización que se genere en torno a la misma.

AGUAS ABAJO
En una carretera muy transitada buscamos sobre el puente Maule el río homónimo. ¿Y con qué nos encontramos? Con un río empobrecido bajo el continuo proceso de degradación y destrucción ambiental que a esa altura sufre. Su imagen se ve más empobrecida aún con los microbasurales adyacentes al Maule y la compulsiva extracción de áridos que vulnera aún más a un río ya vulnerado. Dejamos atrás tan lamentable escena para continuar nuestro pedaleo aguas abajo. En específico lo haremos desde la estación de Corinto, siguiendo los senderos existentes junto a la trocha angosta del Ramal Talca-Constitución, hasta llegar a su encuentro con el océano Pacífico. Pedalearemos en el corazón de Chile Profundo observando cómo este río valientemente se niega a desaparecer.

Porque conecta a una serie de pueblos o localidades que se constituyen en todo un mosaico cultural, el ramal ferroviario Talca-Constitución sigue siendo el medio de transporte preferido que conecta a localidades, muchas de las cuales poseen por sí mismas potentes características identitarias, como la estación de Corinto o la estación Poeta Jorge González Bastías, lugar que también se encuentra en esta comuna y en donde se cruzan los trenes que van y vienen desde Talca y Constitución. Tras la declaración de monumento nacional (25 de mayo de 2007) se silenciaron la mayoría de acciones a favor de su difusión y obviamente por su conservación.

Según los primeros testimonios de su navegación, la cuenca hidrográfica del Maule fue en el pasado un hervidero de vida. Tal como lo señaló Nicolás de la Cruz y Bahamondes, autor de una de las primeras referencias al respecto, luego de navegar por el río en 1783, gracias a su caudal para regadío y como medio de transporte, este curso fluvial fue fundamental en la historia del mundo rural chileno. Diversas fuentes consignan que a mediados del siglo XIX el Maule era navegable desde su principal afluente, el Loncomilla, hasta la Villa de Nueva Bilbao (hoy Constitución) y que sus puertos fluviales más frecuentados eran “Linares de Perales” y “Pocoa” que más tarde será llamado Corinto. Allí iniciaremos la segunda parte de nuestro recorrido, ahora Maule abajo.

La estación “Poeta Jorge González Bastías” (llamada antiguamente Infiernillo) se ubica en la comuna de Pencahue, Región del Maule. Al encontrarse prácticamente a la mitad del recorrido ferroviario entre Talca y Constitución, la mayoría de las personas desconoce que se puede acceder tanto pedaleando junto a la vía férrea como por los caminos rurales que no aparecen en googleearth. Es necesario llevar alforjas para portar la indumentaria necesaria para el viento y dosis adicionales de agua fría o caliente. También podremos comprar fruta de la estación, vino o chicha para llevar de regalo y obligatoriamente las tortillas de rescoldo y huevos duros que son icónicas en la estación “Poeta Jorge González Bastías”.

En González Bastías podemos comprar algo para comer o estirar un poco las piernas. El ambiente que allí se respiraba era completamente distinto al de la ciudad: tranquilidad, paz y libertad. Las personas que nos encontramos eran muy sociables y carismáticas. Recorrimos un poco, cerca de donde estaban los trenes se podía observar el río muy próximo a nosotros. Se podía apreciar el río Maule, los árboles y una que otra casa, es un paisaje realmente hermoso para poder relajarse y pensar. Los rayos de sol en la tarde hacían más hermoso aquel viaje. En González Bastías nos acercamos a la estación a comprar cosas para comer, propias del lugar, que con esfuerzo los lugareños nos ofrecen. Aparecen los huevos de campo, tortillas al rescoldo, amasadas a las primeras horas del alba, deliciosas y tentadoras golosinas, los clásicos calzones rotos y los exquisitos pasteles con manjar. Aprovechamos el tiempo detenidos, para sacar fotos y admirar un viejo tren del ramal que estaba allí, disfrutando de su jubilación, después de tantos años de servicios, sus grandes ruedas oxidadas y sus vagones vacíos, silenciosos, descansando el paso del tiempo, a las orillas del rio Maule, una postal que ha quedado grabada en nuestra memoria.

Mucho antes del estrangulamiento del Maule, a su cuenca hidrográfica le fue arrancada la rica vegetación nativa allí existente, plantando en su reemplazo especies invasivas bajo una gestión forestal orientada al monocultivo y únicamente al lucro. Recién tomamos conciencia de lo anterior cuando incendios incontrolables y presumiblemente intencionales arrasaron estas plantaciones forestales en el verano del 2017, llevándose consigo la vida, los sueños y los bienes materiales de muchos maulinos, río abajo. En todo el mundo, el fenómeno de los incendios forestales descontrolados ha sido cada vez más recurrente: en Bolivia, Australia, California y en numerosas regiones de Europa.

La degradación del suelo, la desforestación y la destrucción de la biodiversidad Maule abajo, la contaminación del río y el traspaso de ello al océano, le impide respirar al río que debería ser nuestro orgullo y no una zona de sacrificio.

El estrangulamiento del Maule en los ´80 agravó la emergencia climática que se declararía en la actualidad y desde 1990 ninguna de las medidas adoptadas por los gobiernos de Chile ha sido capaz de frenar la crisis ambiental que nos afecta a escala local y nacional, y por ende la situación hídrica de nuestro país es la más crítica en los últimos 100 años. La crisis climática es un asunto de suma urgencia, siendo el sistema capitalista la principal causa de ésta. Es de esperar que, alineados bajo una institucionalidad sana, una nueva Constitución Política -en la que no opere la maquinaria de los partidos tradicionales- nos permita enfrentar decididamente la causa de la catástrofe ecosocial que nos amenaza, tratándose de una tendencia que se agravaría si no se frena la crisis ecológica, pudiendo producir una extinción en masa de la biodiversidad del planeta.

Nosotros, habitantes del territorio maulino, al parecer no tomamos conciencia de ello, viviendo en un país en donde el agua es de pocos gracias a la Constitución de 1980 y al Código de Aguas de 1981 que otorga “derechos de aguas” a solicitantes que no están obligados a especificar el uso que le darán, permitiendo que los derechos de aguas se transen entre privados. El agua del Maule y todas las aguas no deberían ser un objeto de lucro. Es hora de decir basta a ello, recuperando nuestras aguas para disfrutarlas responsablemente.

El agua es un derecho humano, un bien común y un ser esencial para la existencia de todo el planeta. Nuestras aguas no deben seguir siendo estranguladas, menos si ello ocurre en beneficio de unos pocos debiendo los demás contentarnos con las migajas. La pobreza y las desigualdades sociales nacen en el agotamiento de nuestros recursos que, desigualmente distribuidos, rompen el metabolismo natural entre la humanidad y la naturaleza. Así entonces, es necesario reorganizar la producción social, respetando los ciclos naturales sin agotar los recursos del Maule, idea que claramente requiere un grado de conciencia y solidaridad para el que nuestra historia no nos ha preparado aún.

Francisco Gutiérrez

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