Iván Palomo G., director del Centro de Longevidad VITALIS, Universidad de Talca y del Centro Interuniversitario de Envejecimiento Saludable (CIES-CUECH).
Hace poco, con la aprobación en el Congreso Nacional de la Ley Integral de las Personas Mayores y de Promoción del Envejecimiento Digno, Activo y Saludable, Chile dio un paso histórico. A la espera de su promulgación como ley de la República, esta iniciativa no representa solo un nuevo cuerpo legal, sino un cambio profundo de mirada: dejar atrás el envejecimiento entendido como carga o problema, para asumirlo como una transformación estructural de nuestra sociedad.
Para la Región del Maule, este giro no es abstracto ni lejano. Aquí el envejecimiento ya es parte del paisaje humano y social. Somos una de las regiones con mayor proporción de personas mayores del país, con comunas rurales donde el envejecimiento avanza más rápido que la capacidad de respuesta del Estado y del mercado. Por eso, este marco legal no puede quedarse en Santiago ni en el papel: debe leerse, implementarse y exigirse desde los territorios.
Durante décadas, las políticas hacia las personas mayores se construyeron a partir de programas fragmentados, fondos concursables y respuestas sectoriales. Eso explica por qué, aun con buenas intenciones, muchas iniciativas no lograron impacto sostenido. La nueva ley rompe con esa lógica y establece algo clave: el envejecimiento es un fenómeno estructural y, como tal, requiere una respuesta integral, intersectorial y permanente.
Uno de los avances más relevantes es el reconocimiento explícito de derechos y deberes, junto con obligaciones claras para el Estado, el sector privado y la sociedad civil. El acceso a la justicia frente al abandono, la promoción del buen trato, la Política Nacional de Envejecimiento con enfoque intersectorial y, especialmente, la creación de un contrato especial de trabajo para personas mayores marcan un antes y un después.
Este último punto es particularmente relevante para el Maule. En una región donde muchas personas mayores siguen trabajando, por necesidad, vocación o ambas, avanzar en trabajo decente, formalización y protección social no es solo un acto de justicia, sino también una estrategia de desarrollo regional. Excluir a las personas mayores del mundo laboral no solo es injusto; es económicamente miope y socialmente insostenible.
Pero ninguna ley se implementa sola. El verdadero desafío comienza ahora: ¿cómo se traduce este marco legal en políticas regionales concretas?, ¿cómo se alinean los municipios, los servicios públicos, las universidades, las empresas y las organizaciones sociales?, ¿cómo se evita que esta ley se transforme en una declaración bien intencionada, pero distante de la vida cotidiana de las personas mayores de Curicó, Talca, Linares o Cauquenes?
La iniciativa también interpela culturalmente a cada persona del Maule. Obliga a revisar prácticas edadistas arraigadas: el trato paternalista, la infantilización, la invisibilización de la vejez activa. Reconocer la dignidad no es solo garantizar prestaciones; es cambiar la forma en que diseñamos ciudades, servicios de salud, sistemas de cuidado, espacios laborales y narrativas públicas.
Para el mundo privado regional, el mensaje es claro: el envejecimiento no es un riesgo que se gestiona, sino una oportunidad de innovación social y económica. Empresas que integren talento senior, diseñen productos y servicios accesibles y comprendan la longevidad como parte de su estrategia estarán mejor preparadas para el Chile que ya estamos construyendo.
El Maule tiene una oportunidad única. Puede transformarse en un laboratorio territorial de envejecimiento digno, activo y saludable, articulando academia, sector público, municipios y empresas, con las propias personas mayores como protagonistas y no como beneficiarios pasivos.
La aprobación de esta ley marca el rumbo. Su promulgación y, sobre todo, su implementación efectiva, definirán si quienes toman decisiones estarán a la altura del desafío. Porque el futuro no se trata solo de vivir más años, sino de cómo vivirlos. Y en ello, además de las decisiones personales, importa mucho lo que se defina, a nivel nacional y regional, en las políticas públicas de hoy. Toda voz que levantemos por las personas mayores puede ayudar a avanzar, paso a paso, hacia una mejor calidad de vida de quienes han ido construyendo el Maule y el país.





