Jueves, Julio 18, 2024
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Legislar para la muerte

Diego Palomo, abogado y académico de la Universidad de Talca.

No abordaremos en estas líneas todo lo que pueda ligar con el aborto legal (más allá de lo que hoy recoge nuestra legislación), que algunos pueden entender como un atentado a la vida humana naciente, mientras que otros centran la atención en los derechos de la mujer.


Sí queremos destacar suficientemente lo que salvo excepciones las legislaciones consagran como derecho, y que se relaciona con la posibilidad de decidir cómo y cuando morir.
La dignidad y la humanidad también pueden encontrarse en esto: para ilustrarlo con una imagen, basta recordar la película mar adentro y la lucha de su protagonista Ramón Sampedro.


Enfermos terminales y agónicos, personas con enfermedades como la ELA o tetrapléjicos, son sólo algunos casos que merecen una solución humana, digna y realista.


El derecho a la muerte digna merece un proyecto de ley aprobado por una mayoría contundente que aborde la eutanasia (suicidio asistido) y que se constituya en un derecho a la muerte digna, lo que obliga a dejar de lado dogmas religiosos (dejar a un lado a dios, y pensar en esa persona que desea morir pero que no puede hacerlo por si sola) para dar lugar a la buena muerte activa o pasiva, y cuidando de no caer en el laberinto en el que se ha traducido la expansión de la objeción de conciencia y de los riesgos de terminar vaciando la efectividad de la ley de interrupción del embarazo que hoy contempla la ley.


No hacernos cargo de verdad de esta situación, implicará seguir manteniendo discriminaciones (siempre odiosas) donde sólo algunos logran acceder a esta solución digna y humana, por su condición socio económica.


Desde luego no abogamos por la cultura de la muerte. Somos contrarios a la abolida pena de muerte que algunos quieren reponer en nuestra legislación, contrarios a las guerras, al terrorismo, o al fomento del comercio de armas. Abogamos, con el derecho a la eutanasia, a evitar a dichas personas un trato inhumano y degradante, que permita adelantarse a un desenlace derechamente inmisericorde. Desde luego nadie será obligado a recurrir a la eutanasia, los que no lo deseen podrán esperar la muerte abandonándose confiados a su dios. Y eso también es y debe ser respetable.

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