Celinda Lilian Letelier. Dra. en Sociología y Cs Sociales – Profesora de Filosofía.
En estos últimos días se ha dado curso a una conversación entre diferentes lideres políticos y de opinión para intentar definir “ideológicamente” al actual gobierno, al presidente, así como a su partido, el republicano, y también al partido nacional libertario. Se busca definir si se trata de una gobernanza de ultraderecha o simplemente conservador de derecha. Considerando un rango más actualizado, si se trata de un gobierno iliberal, o simplemente liberal democrático, o conservador democrático. Por lo mismo, y en este sentido, la pregunta que busca instituirse es: ¿en qué intervalo de confianza cualitativa “en -y- de” los asuntos públicos”, se puede definir el carácter estrictamente democrático de la ultraderecha del siglo XXI en Chile?
Dicho de otro modo, en el primer cuarto del siglo XXI, en tiempos de IA, y redes sociales: ¿basta que una cierta derecha acepte concurrir a las urnas para clasificarla como “demócrata conservadora”? o, tal vez los signos de los tiempos, ¿nos llaman a definir otros criterios?
Para acercarnos a evaluar la forma de responder la pregunta, se hace necesario reconocer e identificar el contexto socio cultural en que cabe la interrogación, y surge dicha conversación, a saber, la existencia de beligerancia, polarización en burbujas ideológicas, con resultados desastrosos, alarmantes que se experimentan aún en un Chile post eleccionario, debido a la emergencia e instalación de una nueva élite burguesa, a partir de marzo del 2026.
En principio es interesante constatar que, desde diferentes sectores políticos, se reconoce la necesidad de, -a través de una conversación pública-, tratar de buscar un consenso para colocar un límite de tolerancia y aceptación básica a la altisonancia discursiva prepotente, resbaladiza, y argumentativa de la ultraderecha. Es decir, de lo que se trata es de convocar a demarcar con una línea divisoria, una cierta frontera que permita zanjar, de una buena vez, aquel orden de materias frente a las cuales no se está disponible para legitimar al adversario político como un legítimo otro de la “conversación” democrática.
En el libro: Como mueren las Democracias Levitsky y Ziblat (2022) dedican dos capítulos a explicar esta cuestión, planteada ahora en Chile, con ejemplos aplicables especialmente a Estados Unidos. En el capítulo “alianzas fatídicas” se muestra, en un cuadro bastante clarificador, los indicadores claves del comportamiento autoritario (:33-35) a la base, de lo que en este caso se busca describir como rasgos presentes en la ultraderecha, y que son caracterizados de la siguiente manera por quienes los escenifican: manifiestan una voluntad de no acatar los acuerdos restringiendo incluso los derechos políticos o cívicos básicos, practican la negación del adversario político, no son tolerantes, y fomentan de todo tipo de violencia (física, verbal, y no verbal), buscan restringir las libertades civiles de la oposición incluidos los medios de comunicación. En síntesis, no respetan las reglas del juego de la convivencia pública democrática.
En el mismo sentido, en el capítulo “guardarraíles de la democracia” (:139) se destaca que, a pesar existir salvaguardas constitucionales, ellas por si solas, no son suficientes para proteger la democracia, debido a que existirían: “reglas no escritas de la política” de cada país, que forman parte de su cultura, su idiosincrasia de “buenas” costumbres en general, las cuales, precisamente por formar parte del “sentido común implícito, y no elaborado” en normas de acción ni protocolos, estarían actuando a la hora de defender la democracia o transgredirla.
En la propuesta de los autores en comento, los mismos líderes de opinión y quienes participan activamente constituyendo -vía representación- el campo político, a través de los 3 poderes del Estado, serían quienes, al calor de la argumentación, tendrían la responsabilidad de ir definiendo los hechos, actitudes y comportamientos que ponen en riesgo y en peligro la democracia. Así como cautelar el cumplimiento de los principios o reglas que se comienzan a invalidar, cuestionar o poner en duda.
Y, al parecer, esto se aplicaría a Chile porque lo que está en disputa acá, por estos días, no es el porcentaje de votos alcanzado en las últimas elecciones y que remite a un triunfo de la derecha republicana, tanto en el ejecutivo como en el legislativo respectivamente. De lo que se trata es de: definir un marco regulatorio de la convivencia pública que permita precisamente no traspasar los limites de la decencia, la dignidad humana en cuanto a lo alcanzado y reconocido, como pacto de aprendizaje civilizatorio desde la recuperación de la democracia en adelante.
Marco Histórico Reciente
Las dos derrotas de los procesos constituyentes destinados a proponer al país una nueva constitución deberían, a estas alturas del campeonato, haber dejado más o menos claro que la ciudadanía electoral no legítima los extremos políticos. En este caso, al hablar de la ultra derecha, o de la derecha conservadora, lo que era previsible esperar, dada la derrota del segundo proceso constitucional, el cual fue conducido por el Partido Republicano, el partido del actual presidente, que obtuvo el 35.41% en esa elección, es decir, 23 escaños de un total de 55, es que, en lo mínimo, realizara un aprendizaje sobre la propuesta ofrecida y rechazada, así como, evaluara la forma de trabajo en términos de sus alianzas políticas. En efecto, marcando “En Contra” en la papeleta del plebiscito constitucional del año 2023, el 55.79% expresó que no aceptaba la propuesta. (https://www.servel.cl/biblioteca-de-documentos/resultados-electorales-historicos/)
Para la historia y el presente de Chile, y por cierto para la ultra derecha o derecha conservadora en definición, deberían haber quedado zanjados los temas que, en la votación plebiscitaria, fueron considerados críticos, sobre los cuales no se llegó a consenso, y por lo mismo, determinaron que: un 44.21% de los chilenos y chilenas votaran a favor, y un 55.79% votara en contra. Solamente para hacer memoria, de entre los temas que articularon la votación del En Contra se destacan:
- El aborto. La ciudadanía votó en contra para proteger la aplicación de ley 3 causales vigente ya que el artículo 16 sugería modificaciones y ambigüedades.
- La Objeción de conciencia, contenida en el numeral 13 del mismo artículo 16. Allí se establecía la posibilidad que existiera objeción de conciencia de parte del profesional a la hora de hacer la intervención quirúrgica abortiva. La ciudadanía también la votó en contra.
- En el área de la salud, se votó en contra dada la ambigüedad del planteamiento sobre la elección del sistema ya que de manera implícita legitimaba a las ISAPRES.
- En el área de la educación, se votó en contra dada la ambigüedad del planteamiento sobre el mecanismo de selección del sistema, la compleja cuestión de las definiciones curriculares y los contenidos mínimos a definir por el Estado.
- En el área del trabajo, se votó en contra dada la ambigüedad del planteamiento sobre el derecho a huelga y la negociación colectiva.
- En materia previsional, se votó en contra dada la normativa relativa a la propiedad de las cotizaciones. Y debido a que también se legitimaba a las AFF.
- En materia medioambiental, y relativo al derecho de agua se votó en contra dada la ambigüedad de la propuesta en lo relativo a la propiedad.
Por cierto, al volver a ejercitar la recordación, o buscar hacer memoria de estos hechos recientes ocurridos en la historia de nuestro país, lo que se busca enfatizar es que, al parecer, no ha habido un proceso de toma de consciencia, de evaluación, o de accountability de parte de la ultraderecha o de la derecha conservadora en el sentido de hacer una buena digestión cultural, comunicacional y política en relación con lo que manifestó el electorado en el plebiscito y su consecuente derrota.
En efecto, cuando una organización política que asume la gobernabilidad de un país, cuando determinados liderazgos de esa misma organización, reiteran, y repiten de diferentes maneras, con diferentes lenguajes, y formas de comunicación ante la opinión pública, la intención de no aceptar reglas y normas que ya fueron sancionadas por la ciudadanía dejándolas fuera de la legalidad vigente, significa que la democracia está en problemas. Esto de hecho ocurrió con el intento de instalar el proyecto de ley escuchar el latido, con el proyecto de ley SAE (selección de alumnos educación) del Mineduc entre otros.
Actuando con el Tejo Pasado: los ejemplos de la acción política de la Ultraderecha
Para empezar, todo el proceso que llevó a la aprobación del proyecto de la mega reforma destiló autoritarismo, y quiebre de reglas de trato entre los dos principales poderes del Estado. De hecho, por primera vez en la historia desde la recuperación de la democracia, se despreció la política de los acuerdos para la negociación de la ley. Construida con esfuerzo, dedicación, experiencia, y aprendizaje político como “regla no escrita”, se la destrozó a punta de cortes de carnicería en el parlamento. Además, se quebraron las confianzas. Como botón de muestra está lo que ocurrió en la comisión de hacienda del senado. Se llega a un supuesto acuerdo con un partido político de oposición en relación con la rebaja tributaria, y resulta que cuando se llega a la lectura del proyecto para su aprobación, las reglas y los artículos habían sido modificados con alteración de los porcentajes.
En materia internacional, Chile se había caracterizado por aplicar el principio de defensa de la soberanía, y el apoyo a los connacionales en la política exterior estableciendo la autonomía del Estado frente a injerencias extranjeras, y un deber indelegable de proteger los derechos, la seguridad y el bienestar de sus ciudadanos ubicados fuera de las fronteras nacionales.
El apoyo unitario y transversal del Estado a connacionales para postular a cargos internacionales en política exterior tenía como objetivo proyectar los intereses nacionales en organismos multilaterales. Y, en el pasado reciente, gobiernos de diferentes posicionamientos políticos que involucraron a los ex presidentes Sebastián Piñera y Gabriel Boric lo hicieron con Andrés Allamand para ocupar el cargo de la secretaria general Iberoamericana por dos periodos consecutivos. Lo hicieron con José Miguel Insulza para ocupar el cargo de secretario general de la OEA también por dos periodos consecutivos.
Sin embargo, en lo concreto, este gobierno, rompió esa regla de oro de la diplomacia chilena al no apoyar a Michelle Bachelet para la secretaria general de la ONU.
Finalmente, se destaca en las últimas semanas todo el entramado político comunicacional de los partidos republicanos y nacional libertario para desgastar las instituciones a través de relativizaciones y ambigüedades que incluyen: la privatización del Cobre, la modificación de ley laboral vigente en relación a la aplicación de las 40 horas, el Instituto Nacional de Derechos Humanos, la vocería específica realizada por el presidente en torno al caso Crespo, la compleja demanda por indultos a violadores de derechos humanos, los cuestionamientos ambiguos de cara al trabajo de la Contraloría General de la República, y, a los trabajos que debiera realizar el Tribunal Constitucional de cara a la admisión a trámite, por unanimidad, de los tres requerimientos de inconstitucionalidad presentados por parlamentarios de la oposición en contra de diversas normas del proyecto de ley de reconstrucción nacional y desarrollo económico, conocido como la “megarreforma”.
El cuadro en su conjunto solo viene a poner de manifiesto que estamos en un punto de inflexión trascendental de regresión autoritaria conducida por la ultraderecha. De hecho, la otra regla de oro consistente en respetar y acatar el trabajo de las instituciones y los diferentes poderes del Estado, especialmente, los fallos del poder judicial, se fueron por el despeñadero con la vocería del presidente respecto del caso Crespo y su culpabilidad delictiva absuelta para con el diputado Gatica. Al cierre de esta opinión, sin más comentarios. Si alguna coherencia resiste y sobrevive bien vale preguntarse por las amistades y la música.





